
BREVE
EXPOSICIÓN DE LA “ESCRITURA DE VERDAD”
La
Escritura de Verdad es una moderna versión de las Sagradas Escrituras, que
restituye los dos Nombres Sagrados;
aunque ya existen varias versiones en inglés que los restituyen, el autor de
esta obra se atreve a decir que ésta es una versión (en el lenguaje español)
que continua con el Mandato Celestial de “restituir todas las cosas” (Hechos
3:21), de lo que fue omitido o sustituido en las primeras traducciones Griega y
Latina.
Para comenzar ruego al lector que considere honestamente lo siguiente: En
nuestro sistema actual, ¿Es válido un nombre sustituto (falso) en un asunto
oficial? Luego de contestarse honestamente, considere después, ¿Son válidos
los nombres sustitutos usados en las traducciones del pasado? ¿Se debe aceptar
los términos “Dios”, “el Señor”, “el Mesías” “Cristo”, y demás
títulos sustitutos para referirse al Todopoderoso Creador y al Salvador Yahshua?
Pero también, ¿Son legítimos los “nombres” usados en las traducciones del
pasado, para referirse a los Profetas, Patriarcas, Apóstoles y demás
personajes mencionados en las Sagradas Escrituras?
Estos y otros muchos cambios cometidos en las primeras traducciones de
las Sagradas escrituras, algún día habrían de ser cuestionados y ser
restituidos los nombres legítimos, y todo lo que fue sustituido en las primeras
traducciones del pasado; pero todo esto, no por la propia voluntad del hombre,
sino porque así había sido determinado de antemano por el Padre Celestial YHWH
(Dan. 12:4, 9).
Una vez considerado seriamente lo anterior, se puede responder con más
sensatez a la siguiente pregunta: ¿Era necesario restituir lo omitido en las
primeras traducciones del pasado? Para el sincero creyente que busca la verdad,
la respuesta es ¡Si! Porque también la Escritura dice: “Y conoceréis la
verdad, y la verdad os hará libres”, (Yahkhanan [Juan] 8:32) Con esta
convicción en mente, el lector notará otras omisiones que también son
restituidas en la moderna versión “La Escritura de Verdad”. El autor no
pretende decir que esta versión sea el final, sino que es solamente un paso más
hacia adelante, para la completa restitución de lo que fue adulterado en el
pasado.
LO QUE EL ANGEL LE
DIJO AL PROFETA
Hace 25
siglos el Ángel de YHWH le dijo al profeta Danieyl: “La cuarta bestia será un cuarto
reino sobre la tierra, el cual será diferente de todos los otros reinos, y a
toda la tierra devorará, y la hollará, y la despedazara” (Dan. 7:23). Y
continúa el verso 25, “Y hablará
palabras contra el Altísimo y afligirá a los santos del Altísimo, y pensará
en cambiar los tiempos y la ley (Torah)”.
El registro anterior claramente refiere que habría un poder (un rey
humano) que “cambiaría” la ley y los “tiempos” (cambios en la Torah,
los días [correctos] de guardar, y otras verdades de la Escritura.). Lo que se
entiende del registro anterior es que el Omnipotente Creador, conocía de
antemano todas las cosas antes que ocurrieran. Porque la verdad es que estos
“cambios” ocurrieron en las traducciones al lenguaje griego y al latín,
cuales hicieron sustituciones, compelidos por los Emperadores de la época.
Pero la restitución de aquellos cambios también fue anunciado y comenzó
con las más recientes versiones de las Sagradas Escrituras, tal como continua
diciendo el Ángel al profeta: “Pero tú,
Danieyl, guarda estas palabras y sella el libro, hasta el tiempo del fin: muchos
irán de aquí para allá y se aumentará la ciencia” (Dan. 12:4); y
agrega el verso 9:
“Anda
Danieyl, pues estas palabras están cerradas
y selladas hasta el tiempo del fin.”
Con lo referido arriba se entiende que muchas revelaciones Celestiales no
fueron conocidas nunca, a excepción de la breve época de los Apóstoles, enseñados
por Yahshua; pero también se entiende que en los últimos días de esta Era, se
restituiría todo lo que fue cambiado, conforme al registro de Hechos 3:21 y
Mattithyah (Mateo) 17:11.
COMIENSO DE LA
RESTITUCIÓN
La
restitución comenzó en 1844 cuando en varios estados de la Unión Americana se
restituyó el día séptimo (Sábado), como el día de reposo y culto al
Todopoderoso del cielo, ordenado en las Sagradas Escrituras, (Génesis 2:2-3, y
Éxodo 20:8-10.)
¿Era necesaria aquella restitución? Definitivamente era necesaria, pues
de acuerdo a la Escritura, el Sábado es una marca o señal entre Yahweh y su
pueblo, (ver Éxodo 31:14-17, y Yekhezkeyl [Ezequiel] 20:12.)
Más
tarde, en 1938, un pequeño grupo de Pastores Cristianos se reunieron en Warrior
Alabama con el propósito de celebrar la solemnidad de Tabernáculos (Sukkoth);
aquella reunión se le conoce como el inicio para restaurar los Dos Nombres
Celestiales.
En aquella reunión de 8 días, Elder (anciano) Ángelo B. Traina fue el
principal orador, cediéndole de cuatro a seis horas diarias para disertar sobre
la necesidad de restituir los dos Nombres Sagrados en las versiones de las
Sagradas Escrituras, para cumplir con el propósito Celestial de que el Sagrado
Nombre sería conocido por los fieles de los últimos tiempos de esta Era.
Así, aquella histórica reunión inició el movimiento para la restitución
de los dos Nombres Sagrados en las modernas versiones de las Escrituras. ¿Era
necesaria aquella restitución? En el libro del profeta Tsephanyah (Sofonías)
3:9, dice lo siguiente: “En aquel tiempo
volveré yo a los pueblos el labio (habla) limpio, para que todos invoquen el
Nombre de Yahweh, para que de un consentimiento le sirvan.”
Conforme a la Escritura anterior, se entiende que en el fin de los días
(de esta Era) los fieles invocarían
el Sagrado Nombre del Padre. Pero la pregunta ahora es: ¿Cómo harían los
fieles para invocar un Nombre que nunca oyeron, ni se les había predicado, ni
aparece en las diferentes versiones existentes hasta mediados del siglo 20?
Se sabe que Yahshua reveló el Sagrado Nombre del Padre a sus discípulos,
según Yahkhanan (Juan) 17:6 y 26). Pero después que el Salvador volvió al
cielo, los lideres religiosos y los traductores posteriores volvieron a
removerlo y sustituirlo con títulos y nombres inexistentes en el lenguaje
hebreo; y no solamente esto, ¡Sino que el Nombre legítimo del Salvador también
fue sustituido por otro no hebreo, sino greco-latino!
Otra Escritura similar a la anterior, dice lo siguiente: “Y
será que cualquiera que invocare el Nombre de Yahweh, será salvo…” (Yah’eyl
[Joel] 2:32). Nótese que aquí otra vez dice, “el que invocare el Nombre de YHWH”. Muchos años más tarde, en su primer
sermón del Apóstol Keph (Pedro), en la solemnidad de Pentecostés, volvió a
citar la misma Escritura, diciendo: “Y
será que todo aquel que invocare el Nombre de Yahweh será salvo.” (Hechos
2:21). Tiempo después, el Apóstol Shaúl (Pablo) repitió el mismo registro de
Yah’eyl [Joel] 2:32 en la epístola a los romanos 10:13, que dice: “Porque
todo aquel que invocare el Nombre de Yahweh será salvo”. Pero aquella vez
el Apóstol reveló el verdadero propósito de aquella especial profecía, al
agregar en los versos 14 y 15, lo siguiente: “Pero,
¿Cómo invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán a
Aquel
de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo
Predicarán
si no fueren enviados?..”.
Con aquellas interrogaciones del Apóstol se descubre una clara explicación de
aquella profecía, pues el Apóstol Shaúl sabía que el Sagrado Nombre del
Padre YHWH iba a ser ocultado otra vez, después que Yahshua lo había
restablecido. Por tanto, si el Sagrado Nombre no era restituido en las futuras
traducciones de los “tiempos del fin”, ¿Cómo podían conocerlo los
predicadores o los lectores de las versiones existentes hasta entonces?
Obviamente los predicadores no podían proclamar un Nombre que ni ellos habían
conocido ni oído antes, como también los lectores de las Sagradas Escrituras
no podrían invocar un Nombre que jamás
habían oído ni leído en ninguna versión existente, hasta mediados del siglo
20.
Por todo lo anterior, era necesario restituir el Nombre Sagrado del Padre
Celestial en las versiones de los “tiempos del fin”, para que los
predicadores lo conocieran y lo proclamaran (como se está haciendo hoy día), y
así los fieles creyentes, y los lectores del Libro, lo conocerían e invocarían
para tener la posibilidad de ser salvos, conforme a la promesa Celestial.
PRIMERA VERSIÓN CON
LOS NOMBRES RESTITUIDOS
Durante
los años 40s era muy difícil predicar (y menos ser aceptado) el Nombre legítimo
del Padre YHWH y el del Salvador Yahshua, pues todos los predicadores del Libro
se limitaban a predicar los “nombres y títulos” sustitutos que se leía en
las versiones tradicionales.
Pero nadie podía detener los propósitos Celestiales sobre la restitución
de lo que se había sustituido en las primeras traducciones del pasado. Por
tanto, aquellos pioneros del movimiento para restituir los Nombres Sagrados,
continuaron con el firme propósito de cumplir el Mandamiento Celestial durante
aquellos años difíciles. Para el año de 1952 estuvo a disposición de los
fieles el Nuevo Testamento (versión en inglés) con los dos Nombres Celestiales
ya restablecidos. Y para el año de 1963, estuvo a disposición de los fieles la
versión completa, con los Dos
Nombres Celestiales restituidos en toda la nueva Versión, ¡La monumental obra
se conoció como “The Holy Name Bible”! Y fue obra del desaparecido
predicador Elder (Anciano) Ángelo B. Traina.
Aquella obra probaba que la etapa de “restitución” continuaba en
marcha, guiada por el Poder Celestial y nadie la podría detener. 18 años más
tarde (1981) salió otra versión (también en inglés) que también restituía
los Dos Nombres Celestiales, la cual se conoció como: “Bethel Edition”,
obra del ya también desaparecido predicador Elder Jacob O. Meyer. Desde
entonces, las Asambleas de Yahweh se multiplicaron, y no solamente en Norteamérica,
sino también en otros países de habla inglesa.
LA NECESIDAD DE UNA
VERSION SIMILAR EN ESPAÑOL
Fue en
aquella segunda versión (Bethel Edition) la que un familiar mío había
adquirido (en aquel tiempo no supe de donde ni
cómo), la que me desconcertó en gran manera; pues para ese tiempo
(1981) yo era asiduo lector de las Escrituras, además, guardaba el día Sábado
para rendir culto al Todopoderoso del cielo; así, la revelación inesperada de
aquellos Nombres desconocidos para mí hasta entonces, me dejaron estupefacto y
en duda sobre el contenido de “la Biblia”. En ese tiempo yo usaba la versión
Reina-Valera; así que al comparar los “nombres y títulos” de una versión
a otra, quedé incrédulo y confuso por la diferencia de las dos versiones. Por
varios días me sentí defraudado; arrinconé mi “Biblia” y mis apuntes, y
no quise saber más de la “Biblia” ni de religión. Para mí era difícil
creer que el libro que contenía la Palabra Celestial ocultara el Nombre Sagrado
del Padre Eterno y el del Salvador
Yahshua. Pero unos meses después,
sentí que un poder superior a mí mismo me instaba a comprobar aquella
discrepancia; por tanto, volví a tomar las dos versiones para compararlas;
también empecé a frecuentar la Biblioteca de la ciudad, donde pude comprobar
muchas cosas ignoradas por mí hasta entonces: o sea, que los emperadores del
pasado, con pretensiones de poder y dominio mundial, habían ordenado hacer una
versión en latín, copiándola de la traducción griega donde se hicieron
cambios y sustituciones al arbitrio de los emperadores romanos, con el propósito
de conseguir sus fines de dominio a través de la religión. Aquellas
revelaciones se podían probar a través de enciclopedias y libros de historia
dispuestos en la misma biblioteca, y terminé convencido que las nuevas
versiones en inglés solo estaban cumpliendo el proceso de restauración
predispuesto 2500 años antes; todo esto me indujo hacer una versión al idioma
español, para que los fieles de ese lenguaje conocieran también aquellas
revelaciones, justamente en el tiempo designado para la regeneración.
También entendí entonces, que las versiones Reina-Valera y de King
James no se habían equivocado en sus traducciones, pues ellos solamente habían
copiado de las versiones existentes en su época, pues aún no era el
“tiempo” de la restauración designada por el Padre Celestial.
LA NECESIDAD DE
RESTAURAR TODOS LOS NOMBRES
Al
principio la idea era solamente hacer una réplica de las dos nuevas versiones
en inglés, o sea, restituir solamente los Dos Nombres Celestiales en la versión
‘Reina-Valera’ (la más conocida en el idioma español); pero conforme
avanzaba encontré que los demás “nombres” diferían en gran manera de un
lenguaje a otro; por ejemplo: Pedro (en español) y Peter (en inglés),
Pablo-Paul, Mateo-Matthew, Juan-John, Santiago-James, etc. Al ponderar esta
discrepancia ilógica (los nombres no cambian por el lenguaje), surgió la idea
de restaurar todos los nombres en su forma hebrea, o por lo menos, más apegado
a su sonido fonético original. Esto era necesario, y más, si se considera que
muchos nombres fueron designados directamente por el Creador, y otros llevaban
el sobrenombre “Yah”, como Yirmeyah
(Jeremías), o Yahkhanan (Juan); ¡Además,
cada nombre Hebreo implica posición, rango, autoridad, o contiene un
significado específico para reconocer al personaje! He aquí unos ejemplos: En
Génesis 17:5 se registra el nombre de Abram que significa “padre alto”, y
que fue cambiado en “Abraham” que significa padre de muchedumbre de gentes;
o sea que este último implica mayor rango o posición que el primero; en el
verso 15 se registra el cambio de nombre de Sarai, por el de “Sarah”, pues
el primero significa ‘dominativa’, pero el segundo significa: ‘dama noble
o reina. En el verso 19 se registra lo que el Todopoderoso del cielo le dijo a
Abraham: “…Ciertamente que Sarah tu
mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Yitzhak…”. Nótese aquí,
que antes que el hijo de Abraham fuera concebido, el mismo Creador le había
designado el nombre “Yitzhak”. Aquí nos debiéramos preguntar: ¿Qué
autoridad se adjudicó el traductor para cambiar las disposiciones del Padre
Celestial? Y también, ¿Por qué se negó el nombre hebreo y se aceptó el
ficticio Isaac? ¿No es esto un complot contra las disposiciones Celestiales, o
que existe un adversario del hombre con intenciones de perderlo?
Otro ejemplo más: En el libro de Loukas (Lucas) 1:13, el Ángel de YHWH
le dijo a Zekaryah (Zacarías) lo siguiente: “…Zekaryah,
no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Eylisheba te parirá un
hijo, y llamarás su nombre Yahkhanan…”. Aquí otra vez el traductor
ignoró el mandato Celestial, pues sustituyó el nombre Yahkhanan (que significa:
Amado de Yahshua; vea Yahkhanan [Juan] 21:7) por el inferior “Juan” que no
significa nada, ni es hebreo, ¡Y tampoco era el que había sido ordenado por el
Omnipotente Creador!
Notando estas sustituciones fue suficiente para tomar la decisión de
restituir todos los nombres legítimos (más apegados al original), mencionados
en las Sagradas Escrituras; porque entendí que por alguna razón especial del
Padre Celestial los había nombrado de esa manera. (En “La Escritura de Verdad”
se refiere el significado de muchos de estos nombres; especialmente el de
Profetas, Patriarcas y Apóstoles, que contienen significados específicos).
ACERCA DE TÉRMINOS Y
TÍTULOS
También
entendí entonces, que con frecuencia los hombres repetimos términos o títulos,
sin saber su verdadero significado, solamente los repetimos, ya sea por
costumbre, por descuido o por negligencia; pero casi nunca tratamos de conocer
su significado o su origen. Vamos a mencionar aquí solamente dos ejemplos, (otros
más se encuentran en “La Escritura de Verdad”).
¿Qué significa el término “Mesías”, para el lector o estudiante
del Libro Sagrado? Este término aparece solamente cuatro veces a través de
algunas versiones regulares; dos veces en el antiguo Testamento (Dan. 9:25-26) y
dos veces en el Nuevo Testamento (Yahkhanan [Juan] 1:41, y 4:25). El término
“Mesías” tal como está traducido en las versiones en Español, no
significa nada, salvo relacionarlo con el Salvador o con el término
“Cristo” (otro título interpuesto por los primeros traductores). Pero si el
lector busca su forma original, se dará cuenta que el término está formado
por dos palabras hebreas: 1) “mashach”, que significa: ungir o consagrar con
aceite, y 2) Yah, que es el Nombre poético del Padre Celestial; unidas las dos
palabras se forma el término: “MeshaYah (en Arameo) o MashiYah (en
Hebreo)”que en ambas formas significan lo mismo: ¡El Ungido de Yahweh! Esto
es, que en vez de “Jesu-cristo” debe ser: Yahshua-ha-MashiYah (o sea:
Yahshua el Ungido de YHWH.) Esto se puede probar fácilmente leyendo en el libro
del profeta Yeshayah (Isaías) 61:1, Loukas 4:18, Hechos 10:38 y Hebreos 1:9 de
las versiones que ya han restituido los Nombres Sagrados. Con esta aclaración,
el término “Mesías” y “Cristo” debe omitirse en las futuras versiones
de las Sagradas Escrituras y restituir el título original: “MeshaYah o
MashiYah” ¡Que significan lo mismo!
Por último, ¿Cómo se debe llamar el Libro que contiene la Palabra
Celestial? La vasta mayoría de lectores del Libro lo llaman “Biblia”, ¿Será
correcto este término o fue otro error de traducción? La verdad es que a través
de todo el Libro, desde Génesis a Revelación no se encuentra ninguna mención
de este vocablo. Cuando Yahshua estuvo en la tierra y enseñaba a sus discípulos,
jamás hizo mención de este término; tampoco los Apóstoles llamaron los
Escritos Sagrados con ese término. Cabe agregar aquí que el Apóstol Shaúl
(Pablo) se refirió a ellos como: “Las Sagradas Escrituras”, (vea Romanos
1:2, y 2ª de Timoteo 3:15.) También
les llamó: “La Palabra de Verdad” (vea Ephesios 1:13).
El término “Biblia” para referirse a las Sagradas Escrituras, se
inició en 1455 con el nuevo sistema de impresión movible, por el inventor
Johann G. Gutenberg. El primer libro que se imprimió con aquel nuevo sistema,
se le llamó: “Gutenberg Bible” (Biblia de Gutenberg). Ahora, quien quiera
buscar el origen y significado del término Biblia, Bible o Byblos, lo encontrará
en una buena enciclopedia; y ciertamente no se refiere a las Sagradas Escrituras.
Por tanto, volviendo a la pregunta anterior, la respuesta tal vez sea la forma
en que el Ángel de YHWH se refirió a los Escritos Sagrados, cuando le dijo al
profeta Danieyl: “Pero yo te declararé
lo que está escrito en La Escritura de Verdad…”
(Vea Dan. 10:21). Aquí el Ángel de YHWH se refirió a los Escritos
Sagrados como, “La Escritura de Verdad”,
lo cual contesta a la interrogación anterior.
En conclusión, a los Escritos Sagrados se les conoció en conjunto, como:
“Las Sagradas Escrituras, La Escritura de Verdad, o La Palabra de Verdad” y
otros términos Hebreos; ¡Cuales sí se encuentran en varios pasajes de los
escritos Sagrados! Pero no se encuentra el término “Biblia”, que es el
sustituto que le adjudicó el hombre. Por tanto, si el título fue sustituido,
así también parte de su contenido fue sustituido.
Otro descuido (¿O negligencia?) grande es el siguiente: En el libro de
Mattithyah (Mateo) 5:18, dice: “Porque
de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota
ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas” (versión
Reina-Valera). La palabra ‘jota’ (J) es un grave error; pues el alfabeto
Hebreo no tiene esta letra, sino en vez de “jota’, dice “Yod” (Yowd),
que es la décima letra de su alfabeto, la cual equivale a la letra “Y” en
Inglés y que el Español le llama erróneamente ‘i griega’, pues el Griego
tampoco tiene esta letra en su alfabeto. Pero lo cierto es que la Escritura dice
claramente que “ni una ‘Yod’ perecerá de la ley”, ¡Sin embargo, todas
las versiones del pasado ‘desaparecieron” aquel término y lo sustituyeron
con “jota”! Y hasta hoy día, solamente la versión “La Escritura de
Verdad” la ha restablecido. La Yod (Y) es la primera letra para los Dos
Nombres más sublimes de todo el universo YHWH y Yahshua, y de otros nombres de
relieve mencionados en Las Sagradas Escrituras, cuales también han sido
restaurados en esta versión.
Lo anterior es solamente un mínimo resumen de lo que restituye la
moderna versión “La Escritura de Verdad”. No es intención del autor de
menoscabar a ningún predicador, pastor o ministro, ni a ningún lector de Las
Sagradas Escrituras, por haber predicado o creído en las sustituciones
contenidas en todas las versiones editadas hasta mitad del siglo 20, ¡Pues
hasta entonces no había llegado el tiempo de la restauración! Así que el
tropiezo de todos los predicadores y lectores de Las Sagradas Escrituras, se
debió a las incompletas traducciones del pasado; cuales se están enmendando
hoy día aprovechando los recientes descubrimientos y revelaciones otorgadas a
las últimas generaciones; considere que para éstas serían las revelaciones
profetizadas para “los tiempos del Fin”, (Dan. 12:4).
Para información de cómo obtener “La Escritura de Verdad”; favor de
dirigirse a D. L.
García, P. O. Box 1556, Salinas, CA 93902
Por e-mail a: <dagel_7@att.net>
o, llame al teléfono 831-320-7477.