EL
BAUTISMO: ¿QUÉ SIGNIFICA O QUÉ SIMBOLISMO TIENE?
Sin embargo, entre algunos grupos Cristianos,
se predica que sean bautizados hasta en la edad adulta, y que sea por inmersión,
o sea, sumergir completamente bajo el agua a la persona.
No obstante esta diferencia de creencias, tanto unos como otros están
convencidos de que el ritual del bautismo, es requerimiento ineludible para
lograr la salvación del alma y su entrada al reino Celestial.
¿Qué hay de verdad sobre esta discrepancia y de tan profundo desacuerdo?
¿Quién tiene la razón de los dos grupos en desacuerdo? Pero una más
importante interrogación: ¿Qué dice la Sagrada Escritura al respecto? ¿Podremos
aclarar esta situación por medio de la Escritura Sagrada?
En el libro de Markos (Marcos) capítulo 16:15-16, el Salvador dijo a los
apóstoles, lo siguiente: “...Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a
toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que
no creyere, será condenado...”
Y en el libro de Mattithyah (Mateo) capítulo 28: versos 18 y 19, dice:
“...Y llegando Yahshua (Jesús), les habló, diciendo: Toda potestad me es
dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, Id, y doctrinad a todos los
Gentiles, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo...”
Con los dos registros anteriores se debe entender que el bautismo es un
requerimiento Celestial; pues claramente dice: “Id y doctrinad a todos los
Gentiles”, y, “el que creyere y fuere bautizado, será
salvo.”
En el libro de Yahkhanan (Juan) capítulo 3:18, hablando de Yahshua,
dice: “...El que en él cree, no es condenado; Mas el que no cree, ya es
condenado, porque no creyó en el Nombre del Unigénito Hijo de Yahweh (Dios.)
Y agrega el capítulo 5:24, “De cierto, de cierto os digo: El que oye
mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no
vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida...”. He allí lo que el
creyente debe conocer y creer antes de bautizarse; o sea, que el mismo
Padre Celestial envió a Yahshua a semejanza de hombre mortal, para redimir al
hombre pecador.
En realidad Yahshua vino a la tierra y predicó el mensaje de redención
para el hombre y el establecimiento de un reino en el mundo, donde reinen la
justicia y la verdad sobre todas las cosas, (vea el Salmo 37: versos 11, 22, y
29.) Esto implica de que el creyente estudie la Sagrada Escritura para confirmar
todas las promesas y condiciones contenidas en el Evangelio. Si después de
dicho estudio creyera de verdad todas aquellas promesas, ¡Estará apto para el
bautismo! Hasta aquí, se echa por tierra la enseñanza de bautizar a un recién
nacido, porque éste no puede entender nada, y mucho menos “creer”,
¿Entonces cómo podrá hacer una decisión de tal magnitud, sobre creer o no
creer?
En el libro de los Hechos capítulo 2:37-38, después que el apóstol
Keph (Pedro) testificó de la muerte y resurrección de Yahshua, algunos de los
“Judíos” presentes, sintiéndose culpables por la muerte del Salvador,
preguntaron a Keph y a los otros apóstoles, lo siguiente: “...Varones
hermanos, ¿Qué haremos? Y Keph les dice: Arrepentíos, y bautícese
cada uno de vosotros en el Nombre de Yahshua el Meshayah (Jesucristo) para el
perdón de los pecados; Y recibiréis el don del Espíritu santo...”. En
resumen, después de que el hombre ha entendido sus culpas (sean cuales sean),
si se arrepiente de todo corazón y se bautiza será perdonado y será salvo. Y
agrega el verso 39, “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos,
para todos los que están lejos; para cuantos el Todopoderoso nuestro Soberano
llamare.”
Tomemos por ejemplo lo ocurrido al eunuco Etiope, un extranjero de
lejanas tierras, quien había “oído y creído” el mensaje de redención, éste
había subido a adorar a Yeruwshalem (Jerusalén) y se volvía a su tierra. Por
el camino iba leyendo el libro del profeta Yeshayah (Isaías.) En tal situación,
el Todopoderoso del cielo, conociendo el corazón de aquel hombre, envió al
Evangelista Felipe a su encuentro, pues el libro de los Hechos, capítulo
8:30-31, relata lo siguiente: “Y acudiendo Felipe, le oyó que leía el libro
del profeta Yeshayah (Isaías), y le dijo: Mas ¿Entiendes lo que lees? Y él
dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?...” Y continúan los versos
35-38 y dicen: “...Entonces Felipe abriendo su boca, y comenzando desde esta
Escritura, le anunció el Evangelio de Yahshua. Y yendo por el camino, llegaron
a cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿Qué impide que yo sea
bautizado? Y Felipe le dijo: si crees de todo corazón, bien puedes. Y
respondiendo dijo: Creo que Yahshua el Meshayah (Jesucristo) es el Hijo de
Yahweh (Dios.) Y mandó parar el carro: Y descendieron ambos al agua, Felipe y
el eunuco; Y le bautizó...”
De lo anterior habrá que considerarse tres puntos esenciales: 1) La sincera fe de aquel hombre era conocida en el cielo; por esto mismo, el ángel Celestial envió al Evangelista a apoyarlo en su fe. 2) Aquel personaje era ya un adulto, el cual podía entender y “creer” por sí mismo la existencia y bondad de su Creador, y confiar en él. 3) El ritual del bautismo era necesario para la confirmación de su fe y de su lealtad al Todopoderoso del cielo, lo cual cumplió y se hizo acreedor de la promesa Celestial.
En el libro de Markos, capítulo 1:9-10, registrando el mismo suceso,
dice: “...Y aconteció en aquellos días, que Yahshua vino de Nazareth de
Galiylah, y fue bautizado por Yahkhanan (Juan) en el Jordán. Y luego subiendo
del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía
sobre él”
Lo anterior demuestra que el Salvador nos dejó ejemplo; pues él mismo,
siendo sin pecado se bautizó, y al emerger del agua, “vio abrirse los cielos”;
o sea, que fue hasta que se hubo bautizado él mismo pudo tener conexión
directa con el poder Celestial, pues el registro de Markos 1:11, agregó: “Y
hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo
contentamiento”. Y lo mismo ocurre con el sincero creyente, que después de
bautizarse, se le abre una nueva dimensión para su entendimiento sobre las
cuestiones Celestiales, guiado por el Espíritu de verdad. Pero una vez más hay
que considerar tres puntos esenciales: 1) Es necesario que todo fiel creyente
sea bautizado. 2) El decir de que Yahshua, “al salir del agua vio abrirse los
cielos”, nos comunica que todo aquel que se bautice recibirá una porción del
Espíritu santo, si permaneciere en su fe. Además, el decir: “salir del agua”,
es indicación de que el bautizado es sumergido totalmente en el agua, y
no rociado solamente con poca agua sobre su cabeza. 3) Que Yahshua se bautizó
en la edad adulta; pues en el libro de Loucas (Lucas), capítulo 3:21, dice:
“...Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Yahshua fue
bautizado. Y el mismo Yahshua comenzaba a ser como de treinta años...”.
Por el intenso resplandor de luz irradiado de Yahshua, Shaúl quedó
ciego. Más adelante del mismo capítulo, dice que fue enviado a él un discípulo
llamado Ananyah (Ananías), quien llegando a Shaúl, le dijo: “...Shaúl
hermano, el Soberano Yahshua, que te apareció en el camino por donde venías,
me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espíritu Santo. Y luego
le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: Y levantándose
fue bautizado...” (Hechos 9:17-18.)
Tiempo después, el mismo apóstol narrando aquella odisea, según se
refiere en el capítulo 22:13-16, dice que Ananyah, varón pío conforme a la
ley, le dijo lo siguiente: “...Hermano Shaúl, recibe la vista. Y yo en
aquella hora le miré. Y él dijo: El Todopoderoso de nuestros padres te ha
predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses a aquel justo, y oyeses
la voz de su boca. Porque has de ser testigo suyo a todos los hombres, de lo que
has visto y oído. Ahora pues, ¿Por qué te detienes? Levántate, y bautízate,
y lava tus pecados, invocando su Nombre...”
Una vez más, por todo lo descrito arriba, se desprenden tres puntos
cardinales: 1) Shaúl en su ignorancia espiritual había perseguido a los
primeros fieles creyentes; no obstante que lo había hecho por su equivocada fe
anterior, con todo había cometido pecado. 2) Con sincero arrepentimiento de su
actitud anterior, y con verdadera fe en aquel que lo llamaba, obedeció y creyó
a la promesa Celestial, bautizándose ese mismo día. 3) La edad del apóstol al
tiempo de bautizarse, sería de más de treinta años, una edad apropiada para
poder entender y creer en el mensaje de redención.
Conociendo todo lo anterior, todo sincero creyente puede entender
claramente que el bautismo fue ordenado para el creyente ya adulto; o sea, para
todo aquel que pueda entender la promesa Celestial y la responsabilidad que
implica la decisión tomada, ¡Pero no para un recién nacido que no sabe ni
entiende nada de lo que se le impone, por la ignorancia espiritual de sus
padres! Pues los padres que bautizan a su hijo recién nacido, sin darse cuenta
cabal, lo encadenan para toda la vida a una tradición inventada por los
hombres, y sin fundamento en la Sagrada Escritura. Pero además, le roban la
posibilidad de ser salvo, el mismo error cometido por nuestros antepasados a
través de los siglos, por causa de la tradición impuesta por la religión
comercializada.
En primer lugar es necesario saber que Yahshua nuestro Salvador no hizo
pecado. Sin embargo tuvo que morir para pagar por los pecados de todos aquellos
que se arrepientan y crean en su mensaje de redención y en sus mandatos. De que
todos estemos condenados a muerte, no hay duda, pues la Sagrada Escritura dice:
“...Porque la paga del pecado es muerte (eterna): Mas la dádiva
de Yahweh es vida eterna en Yahshua el Meshayah (Cr-sto J-sús) salvador nuestro...”
(Romanos 6:23.)
Además, el mismo libro de Romanos, capítulo 5:12, dice: “Así como el
pecado entró en el mundo por un hombre (Adam), y por el pecado la muerte, y la
muerte así paso a todos los hombres, pues que todos pecaron...”
Dicho en otras palabras, puesto que nuestro antecesor Adam hizo rebelión
contra el mandato Celestial, esa misma actitud de rebelión a la ley pasó a
todos los hombres, pues que todos pecamos. Acerca de esto, la Escritura dice:
“No hay justo, ni aun uno, no hay quien entienda, no hay quien busque al
Todopoderoso; todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles.” (Romanos
3:10-12, vea también Salmos 14:7 y 53:1-6.)
Siendo esto así, indudablemente todos hemos pecado ¡Y todos estamos
condenados a muerte! Pero en este punto crucial, la misericordia del Padre
Celestial se hizo patente, enviando a su Hijo amado a pagar por los pecados de
todos aquellos que se arrepientan, crean que Yahshua fue enviado del
cielo como Redentor y crean en la promesa Celestial. De esto, la Escritura
registra: “...Porque como por la desobediencia de un hombre (Adam) los muchos
fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno (Yahshua)
los muchos serán constituidos justos...” (Romanos 5:19.)
Pues Yahshua, cumpliendo perfectamente la ley venció la muerte que
pesaba sobre todos los hombres. Como también se registra en otro lugar, donde
hablando de Yahshua, dice: “...A éste, entregado por determinado consejo...
prendisteis y matasteis por manos de los inicuos...al cual Yahweh levantó,
suelto de los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de
ella” (Hechos 2:23-24.) Y agrega el verso 32: “A este Yahshua resucitó
Yahweh, de lo cual todos nosotros somos testigos...”.
La verdad hasta aquí, es que Yahshua murió para pagar los pecados de
todos los que crean en él. Y fue sepultado pero resucitó a los tres días
como él mismo lo había anunciado antes (vea Mattithyah (Mateo) 12:40.) Aquel
milagro de la resurrección fue testificado por todos los apóstoles; y a partir
de entonces, la muerte ya no tiene ningún poder sobre él, ¡Y tampoco lo tendrá
sobre todos aquellos que crean en él y sean bautizados en su Nombre!
EL
BAUTISMO: SIMBOLISMO DE LA MUERTE Y SEPULTURA
Para confirmar lo
anterior, nótese la Escritura que dice: “...¿O no sabéis que todos los que
somos bautizados en el Meshayah Yahshua, somos bautizados en su muerte? Porque
somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; Para
que como Yahshua resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en novedad de vida...” (Romanos 6:3-4.) Y agregan los versos
siguientes: “Porque si fuimos plantados juntamente con él a la semejanza de
su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección: Sabiendo esto, que
nuestro viejo hombre juntamente fue clavado en el Madero con él, para que el
cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Porque el que es muerto, liberado es del pecado.” (Romanos versos 5-7.)
Y para reforzar lo anterior, en otra parte de la Escritura, dice:
“Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también
resucitasteis con él, por la fe de la operación de Yahweh que le levantó de
los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecado...os vivificó
juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.” (Kolosenses 2:12.)
En conclusión, el bautismo simboliza la “muerte y sepultura” del hombre anterior; Enterrar el viejo hombre pecador, viciado y corrompido, para “nacer” a una nueva vida de virtud y de justicia, guiados por el mandamiento Celestial, y rindiendo reverencias y alabanzas a nuestro Padre Creador Yahweh y a nuestro Salvador Yahshua. Y por último, para convivir con respeto y bondad con nuestros semejantes; Pues haciendo esto, nuestra existencia será más plácida, tranquila y provechosa, puesto que la bendición Celestial estará siempre sobre aquellos elegidos del Padre Yahweh. Pues de esto último, el libro de Romanos 8:14-17, dice: “...Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Yahweh, los tales son hijos de Yahweh. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba [Padre] Yahweh. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Yahweh. Y sí hijos, también herederos; Herederos de Yahweh, y coherederos del Meshayah; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.
Que el Padre Celestial Yahweh, a través de su Eterna justicia, abra el
entendimiento a todos aquellos que andan en busca de la verdad, guiándolos a
creer en el mensaje de redención y en las promesas hechas directamente por
nuestro Creador y Padre Yahweh, librándolos de las fábulas de la religión
comercializada. Al Padre Celestial Yahweh y al Salvador Yahshua sean
la gloria, el honor y la alabanza por todos los siglos, HaleluYah
(AleluYah.)
Por D. L. García
Restituyendo todos los nombres Hebreos, en su forma más cercana a los originales.
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